IMÁGENES RETRO (Y NO, NO SUEÑO CON TELARAÑAS)
Decidí llevar a cabo un ejercicio retro, recordando momentos felices, y otros no tanto, sobre las casi dos décadas y media que llevo de vida. No trataré mucho sobre aspectos demasiado emocionales, pero sí sobre recuerdos que tengo muy marcados en mi mente sobre la década de los ochentas y noventas (la década del dos mil requiere otro estudio posterior):
Los Años 80
*Uno de mis primeros recuerdos tiene que ver con mi andadera, recuerdo estar sentada sobre ella, era de color anaranjado y había sido de Mario, asimismo, me recuerdo usando pañal, y viendo las olimpiadas (¿los Ángeles ’84?, ¿no es demasiado lejano ese recuerdo?, a lo mejor es prefabricado, no lo sé). Ah! Y cómo olvidar mis biberones de Coca-Cola que Marisa tan amablemente me obsequiaba (a escondidas de mi mamá), de ahí comenzó la adicción.
*Recuerdo también cuando Mario jugaba con su glorioso Atari, lo que hacía yo era jugar con los cartuchos, haciendo casitas o torres o cosas así. Mi mamá se ufanaba ante quien la quisiera escuchar que su adorado hijo era capaz de “ordenar los colores del cubito ése”, es decir, podía resolver el cubo Rubik, sabrá Dios donde quedó ese cubo, seguramente se perdió en la dimensión desconocida, o en alguna de nuestras innumerables mudanzas.
*Durante mi tierna infancia ochentera gustaba de bailar “Sussudio”, de Phil Collins y “Billie Jean” de MJ, y de cantar “La Chica de Humo” de Emmanuel y “Danza rota”, de ya saben quién, además de las canciones del Grillito Cantor Cri-Cri (siempre he tenido gustos musicales eclécticos); era obvio que mis aptitudes artísticas eran y siguen siendo nulas, pero a esa edad me consideraban “adorable”. (en los ochenta era una niña linda y agradable, en los noventa llego mi descomposición)
*Por cierto, yo solía tener una larga melena a la Daniela Romo (por cierto, mi mami dice que hasta nos detenían en la calle, con el fin de admirar mi hermosa cabellera negro azabache), pero fue brutalmente cercenada cuando entré a la primaria, en primera, porque me moría de calor, y, en segunda, porque mi mamá batallaba muchísimo en peinarme, de todos modos, siempre iba despeinada a la escuela, ya que mi mamá dudaba de las capacidades del gel. Ahora le reprocho a mi mami que no hubiera guardado el cabello en forma de trenza, para posteriores extensiones).
También me acuerdo que había un niño en mi salón que se burlaba de mi nuevo peinado, quién no, si parecía que tenía cabeza de Mafalda.
*Mientras tanto, mi hermana sufría de cierto “sobrepeso”, copetes de tubo enormes ( que fui heredera un tiempo) y horrendos mallones y pantalones de tubo (horror! Ya volvieron a estar de moda!).
*Me encantaba ir a la Alameda los domingos, adoraba ver a los ponys, los rentaban para paseo y cada domingo me subía a uno, y también a las lanchitas y a los vochitos, odiaba la rueda de la fortuna y cualquier juego que diera las vueltas muy rápido o subiera demasiado alto, como esa cosa horrenda llamada “el martillo” donde terminas de cabeza unos segundos, yo salí de ahí llorando histérica, también lloraba porque o no me compraban mi disfraz de hada madrina (que consistía en un antifaz, varita con punta de estrella y un sombrero puntiagudo) o no me compraban un frasquito con arito para hacer burbujas, así de caprichosa era, digo, sigo siendo yo.
*Mis primeros juguetes eran educativos, ya que mi hermano mayor estuvo trabajando en la
Fischer-Price Toys, aún conservo mi payaso que me ayudó a abrocharme los botones, las agujetas de los tenis, etc. Como buena adoradora de los poys tuve dos de la línea de “Mi pequeño Pony”. Y cómo podría olvidar al View Master (que se perdió también en la dimensión desconocida) y mi yoyo mariposa (que nunca aprendí a usar), a mis Barbies y sus casas de muñecas (tenía 2 casas, una comercial y la otra me la hizo la suegra de mi hermano mayor, con la condición de que yo comiera mejor) y sus vestiditos, lástima que aunque conservo las Barbies, ya casi no tengo vestidos, y doné las casitas, a pesar de me quedé con las cositas más significativas para mi, me dolió mucho regalarlas, fue como si me estuviera despidiendo de una parte de mi infancia para siempre.
*Cuenta la leyenda que mi primera mascota fue un hámster, pero yo no la recuerdo en absoluto, a la que nunca olvidaré fue a Mapache, un hermoso conejito (que después se supo que era hembra) blanco con manchas café, tenía una en el ojo, de ahí el nombre. A Pesar de ser tan temerosa, me le acercaba y le daba de comer (más bien le aventaba la comida), lo quise mucho, pero llega el momento en la vida de todo conejo en el cuál su tamaño ya no le permite habitar una casa o departamento, porque se come todo, así que mi mamá y Mario lo llevaron al patético zoológico del bosque, donde se la pasó bien mal, hasta un méndigo pato le mordió una orejita, ahí descubrimos que Mapache era Mapacha, porque a la pobrecita la preñaron, después de mucho alegar con el encargado, nos la devolvieron y decidieron regresarla a la veterinaria de donde la habían comprado; y ahí me prometieron que viviría en una granja muy feliz… ajá.
Después de Mapache tuve un par de pollitos, de esos que te venden en bolsa canela para el pan, pero se me murieron bien pronto los pobrecillos.
Luego tuve un par de peces, a los que nombré Gina y Jack, sin saber en realidad si eran hembra y macho, el pobre de Mario era el encargado de cambiarles el agua y yo de alimentarlos (a mi me daba miedo que saltaran) ; total que creo que se murieron porque Mario no les cambió el agua pronto o algo así, y les hicimos su funeral en la taza del baño. Me compraron otro par de peces, que fueron Gina y Jack segundos, pero éstos duraron mucho menos que los primeros, los pobres, porque de plano nadie los peló.
*Yo todavía llegué a conocer al tío Gamboín y a Topo Gigio, eran adorables, mis caricaturas favoritas en aquel entonces eran Heidi, Remi (snif), He-Man y She-ra, los Thundercats (OOHH!, Mario y yo solíamos jugar a los Thundercats, pero el era Leon-o y yo era Muum-ra), Rainbow brite (caracterizada ahora por Joel Mc Hale), los ositos cariñositos (medio jotitos a decir verdad), los Muppet Babies, Plaza Sésano, también recuerdo mis esfuerzos infructuosos para ver a Chabelo desde las 7 de la mañana, la serie sesentera de Batman con Adam West (de culto), MacGyver (que desactivaba una bomba con un chicle), el Auto Increíble, Misión Imposible (la serie), y tantos otros programas.
*A pesar de que se me dificultó bastante el aprender a escribir (aprendí primero a leer ¡El Principito!), tenía pretensiones literarias, recuerdo haber escrito un par de historias y de hecho planeaba ser escritora cuando creciera, bueno era eso, o ser astronauta o gimnasta olímpica, (mi gran sueño frustrado)…
Los Años 90
*La década de los noventas coinciden con mi etapa escolar, etapa ciertamente traumática ya que tenía variados y muy pintorescos defectos físicos, leáse lentes, dientes frontales enormes y salidos, en cuarto de primaria me pusieron zapatos ortopédicos, y a eso súmenle ser la nerd del salón, ser extremadamente delgada y tener el pelo esponjoso, ahí tienen la ecuación perfecta que da como resultado mi actual comportamiento antisocial y amargado, además de terapia de por vida con Sabo Romo, digo, Rito Contreras. Mientras tanto, mi hermano era “chico emprendedor del Tec de Monterrey”.
Claro que el tiempo es sabio, y poco a poco estos defectos se fueron eliminando de mi apariencia, aunque en su tiempo, si fueron un gran trauma para mí. A veces siento que todavía soy esa niña…
*Hay que agregar que siempre me sentí inadaptada porque no tenía muchas cosas en común con mis compañeros, empezando porque ya leía libros “pesados” (leí la Iliada a los 7) y por mis gustos musicales de adulto contemporáneo.
* Mientras que mis amiguitas adoraban a Magneto y a Mercurio y tenían novio desde los 7 yo escuchaba a Soda, a Madonna, a Sting, a Michael Jackson, a Chicago, a Christopher Cross, a Journey, etc. Y los niños no me interesaban mucho que digamos, consideraba que era demasiado joven para pensar en novios y esas cosas, como dicen en Mujercitas: “… a las niñas hay que dejarlas ser niñas el mayor tiempo posible…”, y a esa máxima solía apegarme. Obvio que con el tiempo comenzaron a gustarme los niños, recuerdo que el primero que me gustó se llama Eduardo, me parecía muy lindo, ya después me enamoré de mi mejor amigo, pero esa ya es otra historia.
* También tuve mi etapa boy band, a principios de esta década, me gustaban mucho los New Kids on the Block, pero su máximo esplendor fue durante los últimos años de los 90 , con las Spice Girls y los Backstreet boys, que vaya que me gustaban. El buen juicio que dan los años me enseñó, entre otras muchas cosas, que las Spice Girls cantan horrible, pero en su tiempo eran lo máximo para mí, yo quería ser Sporty Spice (Melanie C) y toda la cosa. Uy, Shakira era lo mejor para Myriam y para mí, cómo olvidar eso.
También me gustaban Fey y OV7, aunque no sé si de verdad me gustaban o si los adopté sólo para encajar en el colegio.
*Los noventas son la década del grunge, y como yo no me quería quedar atrás, tenía mis botas negras de suela gruesa, para mí eran lo más cool del mundo, junto con mi camisa de franela a cuadros color café, que todavía conservo. A mi nunca me gustaron los vestidos de colores chillantes o fluorescentes (no quedan con mi pálida piel), y menos los zapatos de plataforma (nunca aprendí a caminar con tacones), todas esas cosas de estética 60’s que tan de moda estuvieron en los 90’s, hasta los videos tienen esa tendencia.
*A mediados de los 90’s me llegó la dramática pubertad y con ella la odiada menstruación, y es que la verdad, nunca nos hemos llevado bien, me daban horribles cólicos en plena clase y hasta llegaba a vomitar en los baños, me han tratado de quistes en dos ocasiones y soy tan regular como un equipo de segunda división, en fin, espero con ansia la menopausia…
* Mi paso obligado por la ortodoncia fue largo y tortuoso, ya que usé braquets desde los 12 años más o menos, y mi primer ortodoncista no era precisamente muy eficaz, lo único que hacía era cambiarme las ligas y quitarme los cuatro premolares, sin siquiera utilizar el espacio para empujarme los dientes hacia adentro. Como a los quince me los quitaron porque ya me estaban haciendo mucho más mal que bien y duré un año y medio sin aparatos hasta que fuimos, ahora si, con un excelente ortodoncista, que se escandalizó por el pésimo trabajo que me habían hecho, con él duré casi dos años y me dejó lo mejor que pudo, ya tengo los dientes parejitos, pero los frontales se salen ligeramente, por lo que a veces sigo pareciendo un conejillo.
*Ahí por el año 91 a mi mamá se le ocurrió la fantabulosa idea de meterme en clases de natación, que como podría esperarse, fueron un total y absoluto fracaso. Al principio creía que iba bien, daba las pataditas en la orilla y todo, pero cuando nos pusieron a hacer la “flecha”, es decir, te impulsas desde la orilla de la alberca y vas recto hacia el instructor, yo en lugar de salir recta me fui para el fondo, me sacaron rápidamente, aunque a mí me parecieron como cinco minutos, pero la horrible sensación de ahogo, el sabor del agua clorada y sobre todo, las burlas de mis compañeros, me hicieron dejar el curso, por más que me insistió mi mamá. Espero poder algún día superar el trauma y aprender a nadar , al cabo ya hay cursos para adultos miedosos.
*En estos tiempos lo máximo para mi eran el anime (sobre todo Dragon Ball, Ranma, Caballeros del Zodiaco, Sailor Moon, Dragon Quest y un largísimo etcétera) y los X-files (de donde proviene mi primer amor platónico, David Duchovny), junto con Buffy, y la lacrimógena Dawson’s Creek (ver ese programa era una catarsis de mi angustia adolescente, yo me sentía 100% identificada con Joey Potter, después diré porqué), Los Años Maravillosos, Salvados por la Campana (Saved by the bell), Daria, Sabrina la bruja adolescente, los Simpson, de los cuáles sigo siendo mega fan.
De hecho, en mi adolescencia quería ser cualquiera de las siguientes tres cosas: agente del FBI, guionista de anime o ingeniera en genética.
*Creo que de las mejores cosas que me pasaron en esta década fue el tener conmigo a mi gran mejor amigo de todos los tiempos, al que por respeto omitiré llamar por su nombre, recuerdo ir a jugar a su casa casi todos los sábados, él, su hermana y yo jugábamos juegos de mesa, armábamos ( o por lo menos lo intentábamos) los castillos de Playmobil y jugábamos con su legendario NES ( y después casi nos quedábamos ciegos con el SNES), hasta nos ayudaba a acomodar nuestro escenario para las Barbies! No saben cómo lo extraño, perder su amistad es una de las peores cosas que me han pasado en la vida, pero como diría Lou Gramm, today life goes on…
FIN DE PARTE 1

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